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And she was —Alice Lidell

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And she was —Alice Lidell

Mensaje por Ray McGrady el Lun Dic 07, 2015 11:58 pm

Había terminado su turno en The Rabbit Hole, como correspondía se había quedado hasta que no hubo nadie más y hasta que las puertas se cerraron. La noche fue poco movida apenas y habían ido un par de parejas al lugar por lo que mucho trabajo no tuvo, se regresó caminando hasta su casa, miró en Netflix un par de episodios de una serie al azar y se quedó dormido en el sillón hasta que la alarma de las 8 a.m. le despertó, tenía un pequeño recordatorio y es que se suponía que a las 9:30 debía estar en la biblioteca para ayudar a sacar algunas cosas viejas del almacén. Esos trabajos le gustaban, siempre se encontraban cosas antiguas que podían cambiarse por otras o incluso venderse, aunque tratándose de una biblioteca dudaba encontrar nada en particular.

Se estiró al levantarse del sofá y caminó hacia la pequeña cocina del piso y encendió la cafetera mientras se metía al baño, se revisó cuidadosamente, como siempre, miró que su temperatura estuviese normal y luego se metió a la regadera. Tardó nada en vestirse y para cuando fue por su café éste ya estaba frío, se aseguró con el termómetro y lo bebió de un trago al ver que no estaba hirviendo. Salió con el tiempo justo, incluso de sobra.

Llegó a las 9:15 a la biblioteca, no vio a nadie aunque llamó un par de veces a la puerta. Chasqueó por lo bajo y se recargó en una de las columnas mientras esperaba. –Hey... ven aquí... –Llamó a un pequeño gato gris con rayas que le observaba desde la otra acera. El felino se acercó corriendo y comenzó a ronronear frotándose en una de sus piernas, parecía amigable, no obstante en cuanto sintió la mano de Ray encima suyo le clavó los colmillos. No sintió nada pero como no sangraba supuso que había sido una mordida de las suaves por lo que ni siquiera forcejeó o se enfadó, solo dejó que el gato siguiera mordisqueándole hasta que se cansó tras un par de minutos. –¿No tendrás rabia, verdad? –Preguntó mientras miraba el dorso de su diestra prestando atención a las finas marcas enrojecidas que le había dejado el animal, no era para nada grave.

Se enderezó y llevó la izquierda a su bolsillo y sacó el móvil, 9:25. –Ya casi. –Bajó la mirada y volvió a guardarlo. Echó su cabeza hacia atrás recargándola también en la columna de la edificación, cerró los ojos y esperó en silencio. Parecía que sería un largo día.
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Re: And she was —Alice Lidell

Mensaje por Alice Lidell el Jue Dic 10, 2015 8:50 am

Mil perdones por la tardanza, Ray. Estoy teniendo problemas de conexión en casa x.x

Cada mañana, cuando el despertador suena, la melodía de la canción de MUSE inunda la casa y Alice se remueve entre las sábanas dejándola sonar. Se hace un ovillo bajo las mantas y espera a que la canción acabe. Cada mañana el mismo ritual, como si de ese modo sus recuerdos fuesen a afianzarse. Cuando la canción acaba, vuelve a empezar, pero Alice se levanta y la para, se queda sentada en el colchón y hace un repaso mental de todo lo que hizo el día anterior. Luego, coge el diario personal que tiene en su mesa de noche y relee, esperando no haber olvidado nada.

Aquella mañana su repaso mental de los hechos fue bueno. No había olvidado lo que había comido el día anterior, así que sonrió mientras pasaba página en su diario. Tomó el bolígrafo y anotó la fecha: 4 de Diciembre de 2015. y empezó a escribir. Desde que había llegado a Storybrooke llevaba un registro de todo lo que hacía porque olvidar quien eres, que ha sido de tu vida y perderte a ti misma era algo por lo que ya había pasado y no quería volver a revivir. Aun sentía que fuera de aquel pueblo había algo o alguien que debía estar buscándola, pero era incapaz de recordar nada. Ni siquiera como había llegado allí. Había algo raro en aquel pueblo, era más que obvio.

Suspiró para si al acabar de anotar los primeros pasos de su día y se levantó de la cama. Se dio una ducha de agua muy caliente y salió del baño con la piel enrojecida. Le gustaba la sensación del agua muy caliente sobre su cuerpo en invierno, pese a que sabía que no era bueno, y no podía remediarlo. Se cepilló los dientes, se vistió y salió de casa con el cabello aun húmedo y sin desayunar. No recordaba haber quedado con nadie, así que cuando vio la figura del rubio aguardando frente a la biblioteca se quedó parada en mitad de la calle. Frunció el ceño y llevó la mano a la frente dando leves toquecitos con las yemas de los dedos índice y corazón.

Habíamos quedado —afirmó, pero no lo recordaba y se sentía completamente estúpida en aquel momento. ¿Cómo podía haber olvidado que había quedado con alguien? Volvió a ponerse en marcha cuando se dio cuenta de que seguía parada en mitad de la calle y recortó la distancia que quedaba entre ella y el rubio— ¿Llego tarde? —preguntó al hombre mientras sacaba las llaves de la biblioteca y abría la puerta, entró y la sostuvo abierta para dejar que el hombre entrara.
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Re: And she was —Alice Lidell

Mensaje por Ray McGrady el Sáb Dic 12, 2015 5:04 am

Los últimos cinco minutos de espera sin duda se hicieron eternos hasta que finalmente, después de ver al gato rondar de un lado a otro al parecer igual de impaciente que él -o incluso más- finalmente le notó quieto y contemplativo mirando hacia la calle. Sintió curiosidad y levantó la mirada sin moverse de su lugar para encontrarse con una muchacha que por alguna razón le resultaba ligeramente familiar, cosas de trabajar en el Rabbit Hole, todo el mundo había estado ahí alguna vez así que seguramente era eso.

La observó en silencio, parecía que decía algo pero por la distancia no alcanzaba a escuchar bien; el mensaje que había en su contestadora era de un número desconocido y como no la tenía entre sus contactos no podía saber si era ella aunque cuando se acercó y escuchó su voz pudo identificarla como la dueña del mensaje. –No. –Contestó. Había mirado el reloj apenas hacía unos instantes, cuando faltaba solo un minuto, claro que para cualquier fanático de la puntualidad, estar rozando la hora acordada para llegar era en sí llegar tarde pero a él eso no le importaba.

Se impulsó suavemente en la pared en la cual se encontraba recargado para acortar la distancia un par de pasos. –Normalmente cobro diez dólares por hora, pero dependiendo de la intensidad de lo que necesites que haga puede ser un poco más. –Explicó, los empleadores en Maine solían pagar cerca de ocho dólares la hora a sus trabajadores, siete dólares con cincuenta centavos, pero por un trabajo bien hecho y rápido que podía sacar de apuros o que nadie más quería hacer bien valía la pena pagar diez. Usualmente no solía extenderse a más de una hora a menos que la actividad realmente lo requiriera, siempre se iba antes de cumplidos los sesenta minutos.

El mensaje que había dejado era algo escaso de información, ella no había dicho nada más que el lugar y la hora por lo que apenas tenía suposiciones, mover estantes, acomodar libros, sillas y esas cosas. –Si estás bien con eso creo que podemos empezar. –Añadió rápidamente antes de guardar silencio. La conversación parecía extrañamente un poco comprometedora, visto desde afuera alguien no enterado del contexto podría pensar en algo realmente sucio. –Solo dime lo que tengo que hacer. –Finalizó.
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Re: And she was —Alice Lidell

Mensaje por Alice Lidell el Lun Dic 14, 2015 4:34 am

Tuvo que hacer un esfuerzo titánico para dejar de recriminarse haber olvidado que había quedado con el hombre. Por unos segundos, después de haber abierto la puerta de la biblioteca y haber entrado, tuvo que esforzarse por recordar por qué habían quedado. Por eso, cuando escuchó las palabras del rubio se quedó parada un segundo, abrió los ojos y alzó las cejas. ¿¡He contratado un chico de compañía!? El pensamiento pasó por su cabeza fugazmente, se giró y miró al hombre algo asombrada. Pero la expresión duró poco cuando recordó la llamada telefónica de hacía dos días. Soltó una carcajada.

Lo has dicho de una manera un poco malinterpretable si quien escucha esto no sabe de que va el tema —confesó. Ahora que había recordado que hacían allí se relajó y dejó de lado sus recriminaciones mentales.

Diez dólares, había dicho él, tal vez más si el esfuerzo era grande. No sabía si estaba bien o si era demasiado porque no había contratado a nadie en su vida... Bueno, tal vez lo hubiese hecho, pero no lo recordaba. Diez dólares la hora le pareció una cantidad más que razonable. No tenía del todo claro cuanto tiempo iban a tardar en el almacén, pero no creía que fuese a ser mucho. Solo quería sacar algunas cajas llenas con libros.

¿Vamos al almacén? —preguntó, empezó a caminar mientras se quitaba la chaqueta, dejando la misma sobre una de las sillas que encontró a su paso, cuando abrió la puerta del almacén se giró para mirar al hombre— Espera, no te he explicado porque estás aquí ¿verdad? —suspiró con cierto hastío de si misma— Lo siento, a veces olvido cosas... —en realidad, no es que tuviese un problema realmente serio, a parte de la amnesia que sufría desde que había llegado al pueblo (lo cual si era verdaderamente serio), no tenía pérdidas de memoria recientes, pero se había obsesionado con el tema y eso hacía que exagerara hasta el más pequeño detalle— Hay algunos estantes vacíos, quiero rellenarlos con más libros. Hay unas cajas al fondo del almacén pero... —se apartó un poco de la puerta para que él mismo pudiera ver el espacio. Oscuro, polvoriento y lleno de incontables trastos. Las cajas que Alice quería estaban al final, por lo que había que apartar algunos muebles viejos, otras cajas llenas de registros pasados y documentos..., para poder llegar a ellas. Miró al hombre— yo sola no puedo. —añadió. Era pequeña, extremadamente delgada y a simple vista parecía una muchacha frágil. No es que lo fuese en realidad, pero cargar con muebles y cajas no era algo que fuese a dársele de lo mejor— ¿Que opinas? ¿Diez dólares, o subimos el precio? —preguntó— Por cierto, soy Alice —se lo quedó mirando, más a fondo porque llevaba desde que había llegado pensando que el hombre le sonaba de algo.
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Re: And she was —Alice Lidell

Mensaje por Ray McGrady el Mar Dic 22, 2015 11:15 pm

Evidentemente lo que acababa de decir le había hecho gracia a la jovencita, de no ser un cascarrabias él mismo se hubiese carcajeado a la par con ella, sin embargo no lo hizo, simplemente asintió un par de veces con una especie de amague de sonrisa rarísima en su rostro. —Ya lo sé... —Añadió a lo dicho por ella y luego volvió a afirmar en respuesta a su pregunta mientras la seguía ingresando a la biblioteca detrás de ella.

Poco o más bien nada recordaba de aquel lugar, ni siquiera sabía si había estado allí durante sus años escolares, había sido un estudiante bastante regular, había sido el típico chico que no destacaba en ninguna asignatura en especial pero que pasaba un montón de tiempo dormido entre clase y clase, o bien no asistía y se quedaba merodeando por aquí y por allá metiéndose en problemas en lugar de estar aprendiendo. Por unos segundos su mente se apartó del presente para volar al pasado, no obstante la voz de su acompañante le hizo volver.

Ya se había imaginado bien el porqué del llamado. —No. —Respondió. Era persona más parca del mundo, todo monosílabos u oraciones cortas para responder, la última persona con la que nadie quisiera entablar una conversación. —Pero supuse que era para algo así, la biblioteca estuvo desatendida durante un tiempo. —A veces incluso le habían llamado para que organizara algunos libros en sus respectivas estanterías e incluso para limpiar cuando el polvo se acumulaba.

Llegando al almacén vio lo que había al tiempo que continuaba escuchándola. —Diez dólares está bien. —Habían un montón de cosas en el cuarto, sin contar que estaba lleno de polvo y telarañas pero no era tanto trabajo como para elevar el precio. —Raymond. —Correspondió a la presentación por simple cortesía. —Voy a mover estas cosas para poder avanzar hasta las cajas y ya me dirás cuáles contienen los libros que quieres poner afuera ¿de acuerdo? —Explicó. Mientras se doblaba las mangas de la camisa para no ensuciarlas aunque ya veía que se ensuciarían de todos modos. —Si tienes alergias mejor que salgas. —Advirtió al tiempo que sacaba del pequeño morral en su cintura un estuche con unos anteojos y un pañuelo rojo que se envolvió en el rostro cubriendo su nariz y su boca para evitar inhalar suciedad. Luego comenzó con su trabajo y apartó un mueble, luego otro, también algunas pequeñas cajas y bolsas negras llenas de papeles. La polvareda y el olor ha guardado no se hicieron esperar. —Creo que tienes algo de humedad por aquí, deberías hacer que alguien lo revise. —Comentó elevando un poco su tono de voz para que ella pudiese entenderle a pesar de tener la boca cubierta con el pañuelo.



Off: lamento haber tardado tanto, se aproxima el cierre de año y mi trabajo se multiplica.
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Re: And she was —Alice Lidell

Mensaje por Alice Lidell el Lun Dic 28, 2015 9:34 am

Off: Tranquilo, si yo estoy estos días también super out, la Navidad me mata x.x

No era de mucho hablar, Raymond, claro. Alice tenía charla para rato. Era de ese tipo de personas que saltaban de un tema a otro sin problemas. Extrovertida, amable y amistosa. De ese tipo de gente a la que le resulta fácil hacer amigos porque es abierta y no teme ser la primera en hablar. Siempre había sido así, aunque no lo recordase. Parte de esa personalidad se debía a su intensa curiosidad por todo. Cuando se era curiosa como lo era Alice era necesario ser abierta, lo había ido comprobando con el tiempo. Sonrió y ladeó la cabeza ante las escuetas intervenciones de Ray. Lejos de sentirse cohibida o incómoda, solo le suscitaba curiosidad.

No eres muy hablador, ¿no?—preguntó desde fuera y sin alzar la voz, por lo que, tal vez, él no la hubiese escuchado, pues se había adelantado para empezar con el trabajo. Lo observó, curiosa por saber de que le conocía y repitió el nombre en su cabeza. Raymond. Era un nombre que no le resultaba familiar, y sin embargo, estaba segura de que había tratado con aquel hombre en alguna ocasión. Le siguió observando mientras remangaba la camisa y siguió los pasos del hombre, bajando al plano real y saliendo de sus cavilaciones cuando se dirigió a ella por el tema de las alergias— Oh, no, tranquilo, no soy alérgica a nada —dijo— O eso creo —añadió, aunque no le hacía especial ilusión inhalar todo el polvo acumulado allí dentro así que se quedó en el linde de la puerta, apoyada en el marco.

Efectivamente, tan pronto como él empezó a mover los muebles y los movimientos levantaron el polvo, el olor a cerrado, la humedad y el polvo se levantaron. Por un segundo, Alice se echó a toser y soltó un par de estornudos graciosos. Cuando estornudaba, Alice parecía un gato. El sonido de sus estornudos, no ella, claro. Se lo habían dicho siempre, aunque no lo recordase. Buscó un paquete de pañuelos de papel en sus bolsillos y lo pasó por su nariz disimuladamente, justo antes de que él le informase sobre el problema de las humedades.

¿En serio? —preguntó, poniéndose el pañuelo frente a nariz y boca y adentrándose en el almacén, siguiendo a Raymond. Cuando llegó a su altura escrutó las paredes, pero la escasa luz que entraba desde la puerta no dejaba ver demasiado bien. Alzó la vista hacia la bombilla que pendía de un simple cable— Un momento, voy a encender la luz —informó, mientras volvía hacia la puerta, donde estaba situado el interruptor. Lo accionó, y, en el mismo instante en que lo hizo, la bombilla que pendía del cable estalló. Involuntariamente, la joven dio un pequeño salto de sorpresa y dejó escapar un grito— Que susto, joder... ¿Todo bien?—añadió, cogiendo aire y llevándose la mano al pecho— Hablaré con alguien del Ayuntamiento para que echen un vistazo y arreglen eso... —comentó. Definitivamente iba a ser lo mejor— Iré a mirar los diferenciales, seguro que han saltado, y traeré una linterna para ver que cajas son las que necesitamos, vuelvo en seguida —dijo y desapareció por la puerta del almacén. En poco más de un par de minutos, las luces de la biblioteca volvieron a encenderse y el almacén volvió a llenarse de la luz exterior de la sala contigua. En otro más, Alice apareció por la puerta de nuevo, con una linterna en la mano, la accionó y apagó un par de veces y sonrió— Listo —caminó hasta Raymond de nuevo, alumbrando. Miró de reojo a su alrededor y se mordió el labio. Por algún motivo, nunca se sentía del todo cómoda en lugares mal iluminados— Creo que me da miedo la oscuridad —aventuró, acompañando la frase con una débil risilla. Y sí, lo creía y no estaba segura de ello, porque ni siquiera eso era capaz de recordar.
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Re: And she was —Alice Lidell

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